Miles de palabras se han escrito acerca de José Carrasco Tapia, a pesar de ello no todas las personas que deberían saber acerca de su vida, lo saben, yo soy uno de ellos que lo conoció muy de cerca. El destino nos juntó para que nos conociéramos y también la separación por caminos diferentes.
En forma diaria lo veía pasar por el frente de la puerta de la casa que yo habitaba con los familiares de mi madre, al pasar me sonría sin atreverse a entablar una conversación, hasta que un día conversando con mi vecino Raúl me lo presentó. Así comenzó una gran amistad, que terminó con el golpe militar en Chile.
-Toño acompáñame a la casa de un amigo- me dijo un día, no teniendo nada importante que hacer accedí con un movimiento de cabeza.
En la esquina de la calle Recoleta con Avenida Einstain nos subimos a un microbús de la línea Pila Recoleta, llegamos al barrio Independencia y caminamos por la Calle Gamero, nos detuvimos en una casa, Pepe golpeó la puerta con los nudillos de sus dedos, en pocos segundos apareció un muchacho sonriendo, -Pensé que no ibas a venir- dijo como saludo, se presentó como Pedro.
La intención de Pepe era que aprendiéramos a jugar ajedrez, y Pedro era un erudito en la materia, Pedro nos enseñó los movimientos de las piezas, finalmente Pepe y yo pensamos que estábamos listo para jugar una partida en serio contra Pedro, como cortesía a la falta de conocimiento nuestra nos dió la ventaja de un caballo, un alfil y las dos torres, empezó la partida y en pocos minutos nos hizo pedazos en el tablero, tres horas más tardes nos despedimos, caminando hacia la Avenida Independencia le pregunté a Pepe, -¿Crees que podamos volver y seguir aprendiendo? - lo dudo- contestó Pepe,
¿Porque? -Insistí-
-Tiene jugar una partida en 15 días, y cada vez que lo hace practica por una semana-
¿Una semana ? -exclamé-
¿Toño no sabes quien es Pedro?
-No tengo la menor idea- contesté
Pepe con su clásica y estruendosa risa, dijo - Es Pedro Donoso, campeón de Chile en ajedrez- A Pepe le encantaba hacerme estas cosas, un poco en broma y algo en serio.
Doña Chela, la madre de Pepe tenía una pequeña paquetería en la misma casa donde habitaba con su marido Don Humberto y el resto de la familia, me miró, y con una sonrisa media burlona, preguntó ¿Buscas a Pepe?, Con cierta vergüenza contesté afirmativamente, -tu no andas buscando a Pepe- lo que vienes hacer es hacerle la guardia a la rucia de el frente- me contestó rápidamente, tenía razón, pero lo que ella no sabía que la rucia, Chicurra como le decían en el barrio, iba a enseñarnos a bailar para poder ir a la coronación de reinas en el Liceo Gabriela Mistral.
Pepe, gordito, creo con pies planos, era un desastre para mover los pies con cierto ritmo, no aprendió a bailar, pero igual fuimos a la coronación de reinas, años más tarde la rucia se transformaría en mi esposa.
José Carrasco Tapia, el guatón Pepe para los muchachos del barrio, fue asesinado cuando cumplía los 43 años. Lo sacaron a medio vestir de su departamento de calle Santa Filomena, en el barrio Bellavista, durante la madrugada del 8 de septiembre de 1986, para acribillarlo a balazos en un muro del cementerio Parque del Recuerdo.
Cinco horas antes del asesinato, un grupo guerrillero cometió un atentado contra Augusto Pinochet, dictador que gobernaba el país. Para ese entonces yo llevaba 8 años en Canadá, por las mismas razones que Pepe había abandonado el país en el año 1977 hacia Venezuela, después de pasar 2 años detenido por el régimen militar.
Con motivo del atentado contra el dictador, Santiago, la capital de Chile, la dictadura imperante mantuvo tropas militares y policiales durante toda la noche.
Alguien esa noche emitió la orden de perpetrar una venganza ejemplarizadora. Con el secuestro y asesinato de cuatro notorios opositores a la dictadura, el mandato se cumplió en horas en que nadie podía circular por la ciudad. José Carrasco fue sacado de su domicilio en pijamas, sin calcetines ´Donde va no los va a necesitar´, se le dijo a su familia, ante la angustia de Silvia Vera, su mujer, y de Iván, Luciano y Alfredo, sus hijos.
En el paredón del cementerio, José Carrasco recibió doce disparos en el tórax y uno en el pie. Otro balazo dio contra el muro. En total fueron catorce estampidos de ametralladora, gatillados a 800 metros de un cuartel policial y a 1.200 de una patrulla militar.
Así murió el amigo con que compartí horas de alegría, como cuando íbamos al Arrayán en montados en bicicleta, y las penas como cuando su hermanita Adriana murió ahogada en un paseo campestre.
Pienso que tenía la obligación moral darle a conocer al mundo una parte de la vida de Pepe que solo su familia conocía.
Guatón Pepe, siempre serás recordado por tu bondad, honestidad y por la vida ejemplar que siempre llevaste, descansa en paz amigo. Oscar.